Transformación social a través de la música: El Sistema

Hace varias semanas pude ver en el facebook de la Escuela de Pensamiento Creativo Jokoa un video que encabezaban escribiendo “La música es poderosa”. Evidentemente llamó mi atención y me puse a verlo. El video en cuestión era el siguiente:

Se trata de una breve explicación de los motivos que llevaron a Jose Antonio Abreu a ganar el premio TED en el año 2009. Este señor fue el fundador de la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (FESNOJIV), también conocida simplemente como “El Sistema”, que a grandes rasgos podríamos describir como un programa que se lleva a cabo en Venezuela para la educación musical, pero evidentemente va mucho más allá, y eso es justamente lo interesante del proyecto. He de reconocer que desconocía por completo el fenómeno del que voy a hablar hasta que vi este documento, y cuál fue mi sorpresa, puedo asegurar que ha sido uno de los videos más emotivos y conmovedores que he visto en mucho tiempo.

Siempre he pensado que la música (al igual que todas las artes) es una potentísima vía de transformación social, aunque esto, a mi modo de ver, no haya sido tomado en cuenta con la intensidad que se debiera. Tal proceso entraña cierta complicación, y es que las artes durante los últimos siglos han sido patrimonio de las élites y clases altas, hasta el punto de que cuando este proceso se ha revertido haciendo partícipes a las masas, se ha vilipendiado su valor y se han convertido en artes populares peor consideradas que las primeras. Con esto quiero decir que democratizar los procesos artísticos y por tanto utilizarlos como instrumentos de transformación social, implica un arduo trabajo y un cambio total de paradigma. Esto es exactamente lo que ha conseguido El Sistema, el núcleo central de su proyecto, y es ahí donde radica su valor.

Estudiantes de El Sistema en un barrio de Caracas

Estudiantes de El Sistema en un barrio de Caracas

Tomando este principio de democratización de las artes como epicentro, se construye durante años todo un entramado institucional cuyo fin es utilizar las orquestas de música clásica y los coros como un medio para luchar contra la exclusión social en Venezuela,  trabajando especialmente con niños de clases medias y bajas. La lógica del funcionamiento de este método la resume Jose Antonio Abreu en esta frase: “En su esencia misma, la orquesta y el coro son mucho más que estructuras artísticas, (son) modelos y escuelas de vida social”. Con esto Abreu se refiere a los beneficios del trabajo en equipo, de la importancia de la disciplina y el trabajo, y quizás lo más importante de todo: del poder de la colaboración frente a la competición en un entorno de aprendizaje dinámico e interactivo, lo que supone un cambio de paradigma educativo revolucionario y urgentemente necesario, como el educador Ken Robinson indica en este simpático y revelador scribing.

Jose Antonio Abreu con niños participantes en El Sistema

Jose Antonio Abreu

De esta manera, inculcando la educación musical en los núcleos a partir de los dos años de edad, los niños que participan en El Sistema se ven rápidamente inmersos en un proyecto que además de apartarlos de problemáticas sociales les aporta ilusión, respeto y admiración por el conocimiento y la cultura. Por otro lado y dejando a un lado las consecuencias de dicho método de trabajo, no son menos importantes los beneficios sociales intrínsecos que tiene la música y su interpretación, a saber, la solidaridad, la mutua compasión y el sentido de comunidad.

Al mostrar mi interés en el fenómeno a través de facebook, Jokoa me invitaron a ver el documental sobre El Sistema llamado “Tocar y luchar”, que también desconocía por completo. En esta película se puede ver la cara más estrictamente musical del entramado,  tocando someramente su potencial como motor de cambio social. No obstante es interesante ver como iniciándose en núcleos pobres y marginados se construye una de las mejores orquestas a nivel mundial, reconocida por los más importantes músicos y directores de orquesta del planeta. Algunos de los venezolanos iniciados en El Sistema son hoy son reconocidos intérpretes y directores, caso de Gustavo Dudamel, lo que atestigua que el proyecto supone también una oportunidad de futuro.

Gustavo Dudamel y la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar

Gustavo Dudamel y la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar

En suma, El Sistema pone de manifiesto que la música no entiende de clases y que puede ser una herramienta de transformación social revolucionaria. El propio Abreu señala que hace siglos el arte lo desarrollaban las minorías para las minorías, posteriormente pasó ser consumido por las mayorías, aunque su producción seguía estando restringida a las élites. Iniciativas como esta demuestran que puede ser perfectamente producido y consumido por las masas sin restricciones de ningún tipo, de lo que se derivarán importantes beneficios sociológicos y psicológicos para las comunidades y los individuos. El ejemplo ya lo tenemos, ahora solo nos queda recoger el testigo y seguir trabajando en esta línea. Las artes y los escenarios sociales son diversos, así que las posibilidades serán infinitas.

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La industria discográfica y su guerra contra el tiempo

A veces parece que la industria discográfica y los usuarios que descargan contenidos de la red juegan al juego del gato y el ratón de manera interminable. Siempre he pensado que esto es así porque la industria se resiste a aceptar que ha perdido una batalla ganada por el propio tiempo. Estamos más que acostumbrados a leer las embestidas que una y otra vez realizan quienes se benefician de la industria discográfica y cinematográfica a los que en teoría hacen tambalearse su modelo de negocio, a saber, usuarios que descargan de internet, top manta, o incluso nuevas plataformas de negocio a través de la red (caso del cine por ejemplo). Y no es menos cierto que existe una honda problemática, pues en los últimos años ha habido un descenso en el consumo de productos de estas industrias, lo que ha provocado que lobbys actúen presionando a las esferas públicas con el fin de producir cambios legislativos que sirvan a sus intereses económicos.

Aviso del cierre de Megaupload por el gobierno estadounidense

Aviso del cierre de Megaupload por el gobierno estadounidense

Como es lógico muchos estudios han abordado esta cuestión desde distintas perspectivas y los resultados han apuntado a diferentes causas y tendencias. Como señalaba, desde la industria se ha atacado constantemente a internet y su creciente uso como factor causal, sin embargo el argumento esgrimido ha sido basado en datos agregados que no contemplan otros factores, simplemente que el consumo de bienes de la industria ha bajado y que las descargas de contenidos culturales de la red ha aumentado. Para arrojar luz sobre este tema, Manuel Herrera-Usagre publicaba a finales de 2012 un lúcido artículo en Papers, la revista sociológica editada por la Universidad Autónoma de Barcelona, bajo el nombre de “El impacto del intercambio de música sobre la compra de discos y la asistencia a conciertos. El caso de España”. En este trabajo se toma la “Encuesta de hábitos y prácticas culturales” (SGAE, Ministerio de Cultura, 2007) y se aplican técnicas multivariables para entender el perfil de los consumidores de productos musicales (no solo discos) y comprender los efectos de las nuevas tendencias en el consumo.

Antes de atender a los reveladores resultados de este artículo, Herrera-Usagre explica convenientemente los cambios que se han producido en este sector que han dado lugar a la actual problemática. Es necesario entender que la industria discográfica en su modelo tradicional de negocio ha conseguido sus beneficios económicos de la reproducción de las copias en formato físico, dado que no existía otra manera de poseer dicho contenido, en otras palabras, el dinero que producía para la industria la música venía de la reproducción del soporte (muy barato en coste económico), ya que el propio contenido en sí no poseía valor económico. El cambio crucial llega con la posibilidad de romper el hasta entonces binomio inquebrantable de contenido-soporte, posibilidad que ponían las nuevas tecnologías al alcance de nuestra mano. Este el el núcleo central del problema: La capacidad de compartir información sin beneficio directo para la industria musical, lo que supone una clara amenaza para el funcionamiento clásico de dicha industria.

Vinilos

Discos de vinilo

Aquí es donde entran las redes P2P (peer-to-peer), tales como Napster en su día o Emule. Estos canales posibilitan el intercambio de contenidos entre usuarios sin que eso signifique una retribución económica directa para industria o creadores. En este punto es donde surge el gran problema que nos ocupa, donde las asociaciones y lobbys de las industrias alzan el hacha de guerra. Es cierto que estas nuevas posibilidades hacen tambalearse la lógica de la industria concebida como hasta entonces, pero es necesario plantearse el cambio que sufre el beneficio, que pasar de ser económico referido al soporte, a ser un beneficio directo para el creador en tanto las posibilidades de difusión son extremadamente mayores. El cambio ciertamente es profundo, es de mentalidad y de lógica, de concebir el beneficio como algo más allá de la retribución económica directa, de dejar de pensar en el valor del soporte para empezar a pensar en el valor del contenido, y de concebir nuevas estrategias económicas adaptadas al nuevo modelo.

Interfaz de Utorrent (P2P)

Interfaz de Utorrent (P2P)

Por otra parte tenemos que dejar claro que la industria discográfica no queda herida de muerte como veremos en los resultados de este trabajo, simplemente queda reducida a un público mayoritariamente melómano y coleccionsta, que es en realidad el consumidor fijo de discos. Para entender esto, Herrera-Usagre utiliza los conceptos de “perspectiva de la sustitución utilitarista” (PSU) y de “perspectiva de la complementariedad del consumo” (PCC). En la primera teoría el nuevo marco de consumo cultural sustituye al antiguo modelo, sin embargo en la segunda perspectiva se defiende la convivencia de ambos modos de consumo. Esta visión complementaria es la que se deduce del análisis multivariable del artículo al que hago referencia y la que personalmente defiendo.

Como acertadamente se indica en el artículo de Herrera-Usagre es absurdo reducir el consumo musical exclusivamente a la compra de material audiovisual, es necesario introducir la variable de asistencia a conciertos para comprender los efectos de las nuevas tendencias del consumo. El cambio de lógica del beneficio que comentaba anteriormente considero que tiene una importante incidencia en este aspecto, pues el acceso de pequeños artistas a la difusión global y gratuita de sus contenidos incrementa sus posibilidades de llegada al público, que retribuye a los creadores de manera mucho más directa en la asistencia a sus conciertos. Aquí conviene sacar a colación datos que apuntan que desde 2001 a 2008 en España el porcentaje de espectadores a conciertos creció un 51% y la recaudación de los mismos un 116% (Fundación Autor-SGAE y Ministerio de Cultura, 2009).

Concierto de Steel Horse (Foto: Elisabeth OV)

Concierto de Steel Horse (Foto: Elisabeth OV)

Con los resultados multivariables en la mano comprobamos como la asistencia a conciertos crece a medida que se consume más música (comprada o descargada), a su vez estos espectáculos en directo repercuten de manera positiva en la compra de de música. De esto podemos deducir que la posibilidad de pequeños creadores de difundir libremente sus contenidos facilita la asistencia a sus conciertos y por tanto a la venta de su material audiovisual. Al mismo tiempo, encontramos que los usuarios que más música descargan de internet son los que más la consumen en soportes físicos, y aunque la relación descarga-compra esté muy descompensada tiene un crecimiento directo, es decir, mientras más material se intercambia en la red más discos se compran. Se presentan varias conclusiones más pero que siguen apuntando en la misma dirección: El consumo de música, tanto en su modelo tradicional como en sus nuevas posibilidades, es una práctica mayoritariamente de un público melómano, que descarga mucho, consume mucho material en soportes físicos, y acude con regularidad a conciertos.

Representación gráfica del número de CDs comprados en comparación con el número de discos descargados y/o intercambiados

Representación gráfica del número de CDs comprados en comparación con el número de discos descargados (Gráfica: Papers)

Desde luego esta no es una conclusión sorprendente para quienes estamos metidos en el mundo de la música de manera concienzuda. Las descargas de internet funcionan como un filtro de consumo tradicional, como una vía de acceso de posibilidades megalíticas a contenidos culturales. Las redes P2P y las plataformas a través de las nuevas tecnologías ofrecen al usuario la capacidad de tener al alcance de la mano el trabajo de creadores de todo el mundo (de lo que se benefician los pequeños artistas), para poder seleccionar con mayor criterio los contenidos que se van a adquirir en formato físico o los conciertos a los que se va a asistir.

Dicho esto también hay que tener presente que la industria discográfica ha sufrido un decrecimiento, pues el perfil descrito representa a un sector poblacional pequeño. Esta tendencia a la baja de la industria está posiblemente producida porque las redes P2P ofrecen a un público no especialmente melómano ni consumidor de música (pero amplio a nivel poblacional) la posibilidad de no pagar un alto precio por un soporte físico en el que no están interesados. Es ahí donde ha sufrido el cambio de modelo la industria discográfica, en los productos comerciales que no se dirigen al público melómano, de hecho los creadores de estos suelen ser los que participan en los lobbys y asociaciones que piden regulación de las descargas.

Creadores a favor de la regulación de las descargas

Creadores a favor de la regulación de las descargas

Entendiendo esta problemática, la culpable del decrecimiento es la propia industria por negarse a adaptar su modelo de negocio al nuevo escenario tecnológico, centrándose en otros posibles productores de beneficios que no sean el propio soporte físico, como por ejemplo la publicidad en plataformas webs. Espacios como Bandcamp (cada vez más en auge), o el reciente MEGA del polémico Kim Dotcom son un buen ejemplo de que hay muchas maneras de conseguir retribución económica aplicando las nuevas tecnologías a la difusión de contenidos culturales.

Bandcamp del grupo catalán Graveyard

Bandcamp del grupo catalán Graveyard

Antes de acabar me gustaría volver a un apunte realizado varios párrafos más arriba. Todo este debate va más allá de un mero cambio de soporte, estamos hablando de que en un nuevo modelo la importancia del consumo recae en el contenido y no en el contenedor. Valorar el producto cultural como tal es revolucionario, significa comenzar a creer puramente en la música, lo que a fin de cuentas y vistos los resultados del estudio sería mucho más satisfactorio económicamente hablando para la industria, pues es el público melómano el que sigue consumiendo los soportes físicos. Pero claro, estaríamos hablando de un amplio sector poblacional interesado en la música y en la cultura, lo que me temo que aun nos queda demasiado lejos y probablemente sea perjudicial para la industria de la música tal y como está concebida.

El caballo que aniquiló a una generación: The Wire, el rock vasco y Bobby Liebling

“Rules change. The game remains the same.”
The Wire

Quizás llame la atención que comience con una cita de The Wire, pero es que esta fantástica serie chorrea ejemplos de la vida cotidiana que nos enseñan a comprender el mundo. Hoy voy a hablar de uno de los fenómenos más negros que han acompañado al rock y que han golpeado con especial fuerza a determinadas generaciones y lugares: La droga, y especialmente me voy a referir a la heroína y el daño que causó en regiones españolas como el País Vasco, como representación de una tendencia que azotó el mundo entero con semejantes orígenes y consecuencias.

Me gusta tomar buenos ejemplos sobre los que sentarme para reforzar mis argumentos, esta vez voy a hacerlo sobre tres. En primer lugar el reportaje de La caja negra de ETB que trata sobre la incidencia de la heroína en los jóvenes vascos de la década de los ochenta, haciendo hincapié en los orígenes del fenómeno y en sus consecuencias. Otro estupendo documental es Last days here, que nos muestra la vida del líder de Pentagram Bobby Liebling, quien ha arrastrado una severa adicción a las drogas, y aquí somos testigos de las devastadoras consecuencias que tienen. Sin duda, el imprescindible tercer ejemplo que tomo es la serie americana The Wire, cierto es que se trata de ficción, pero es de una fidelidad asombrosa, David Simon nos enseña la compleja telaraña de Baltimore, desde los despachos a las alcantarillas, y somos capaces de entender el cómo y el porqué de lo que se muestra en los dos documentales reales que acabo de citar. Puede estar tranquilo el lector que no haya visto la serie porque no voy a desvelar nada de ella en concreto, solo las reveladoras conclusiones que se pueden sacar de su visionado.

The Wire

The Wire

Para situarnos hagamos un viaje mental al Euskadi de los años ochenta. Recién salidos de la dictadura franquista, con una importante represión policial, conflictos políticos, y una gran población juvenil producto del baby boom. A este escenario hay que añadirle un ingrediente más, posiblemente el más importante de todos, la reconversión industrial. Este proceso tuvo como consecuencia una grave pérdida de tejido industrial y unos altísimos niveles de paro, ya que se desmantelaron los sectores industriales que ocupaban al grueso de la población. La solución de esta ecuación no es muy complicada: Un gran número de jóvenes abocados al paro y a un futuro incierto, que para colmo de males se vieron en el centro de unos tiempos convulsos. Todo esto se cita en el documental de La caja negra comentado por sus propios protagonistas. Sentían incertidumbre y hastío frente a un tiempo que los machacaba, no tenían una salida, así que buscaron una vía de escape artificial, la heroína, víctimas también de la desinformación. Muchos de estos jóvenes formarían las bandas clásicas de punk vasco como Eskorbuto o R.I.P., en cuyas letras se reflejaba a la perfección este descontento y hastío (como ejemplo el playlist de esta entrada).

Eskorbuto

Eskorbuto

Ampliemos las miras, cambiemos Euskadi por Baltimore o por el Birmingham de los años setenta. Todo esto se resume a fin de cuentas en lo que se conoce desde la sociología como anomia, que podríamos describir como la incapacidad de la estructura social para dotar a los individuos de los medios para alcanzar las metas culturalmente legítimas. Esta situación desemboca en la desviación social, que se puede materializar de diferentes formas, como por ejemplo la que nos atañe en este artículo.

El lector avispado que haya disfrutado de The Wire ya se habrá percatado de que las diferencias entre lo planteado y el contexto de la serie son escasas. De un lado el éxito, el poder, del otro lado la inexistencia de mecanismos que lleven a ello. El resultado: Bubbles. Y cuando digo Bubbles digo cualquier adicto a las drogas, o cualquier personaje que busque salidas alternativas a una realidad que le niega lo que aparece en el escaparate. Esto solo es ficción claro, pues cambien el nombre de Bubbles por el de Iosu de Eskorbuto, o por el de Bobby Liebling. Este producto social no deseado no deja de ser parte de una rueda en la que todos participan. No nos tiembla el dedo acusador a la hora de señalar, sin embargo ellos son tan necesarios como el político, el abogado o el camello, forman parte del mismo juego, solo que a ellos les tocó perder. Si no fuera por el negocio de la droga estas regiones deprimidas no hubieran podido subsistir, o el político de turno no hubiera podido utilizar el problema como arma arrojadiza. Pues toda esta perorata David Simon la pone en boca de Omar Little, con cuatro simples palabras: “All in the game.

Bubbles(The Wire)

Bubbles(The Wire)

Salta a la vista una hipocresía descomunal y a todos los niveles. Tanto en los documentales reales como en la citada serie se puede advertir la pasividad policial frente al consumo de drogas, que en cierto modo se permite o incluso se llega a incentivar (pongan aquí el ejemplo de Hamsterdam). ¿Y luego qué? delincuencia, policía, juicios, abogados, estrategias políticas, periodismo, educación. Luego, el negocio. Todo forma parte de una compleja red de estructuras que interactúan entre sí. En el documental de ETB se habla de como la izquierda abertzale (en un principio reacia al rock vasco por sus influencias extranjeras) acabó utilizando este movimiento musical para captar a una juventud desilusionada. Llámese Herri Batasuna o llámese Tommy Carcetti, los carroñeros políticos no tardan en llegar para aprovechar estas situaciones en su propio beneficio. Poco importa el drama social o la aniquilación de toda una generación, el potencial político del fenómeno es apabullante, así que tonto el último. All in the game.

El político Carcetti en los suburbios de Baltimore (The Wire)

El político Carcetti en los suburbios de Baltimore (The Wire)

Para que se produzca esto hay por supuesto un sector público que ignora a la juventud y sus necesidades, frente a lo que surgen interesantísimos movimientos culturales y musicales que sin otro remedio se desarrollan mediante la autogestión (Do It Yourself). Grupos de música, centros sociales okupados (gaztetxes en Euskadi) o fanzines. Excluídos del sistema la juventud reacciona y pone en marcha proyectos de toda índole que se vieron ensombrecidos por la heroína. Como era de esperar en casos como este se ha vinculado tradicionalmente (e interesadamente) el rock con las drogas y esta ha sido una eficaz manera de criminalizarlo. Pero no debemos confundirnos. La socióloga Teresa Laespada da en la clave en el reportaje de La caja negra: “Yo creo que hay una relación entre música y drogas porque el movimiento juvenil lidera los dos procesos, no porque ambos estén en sí unidos”. Es decir, no es la música la que lleva a las drogas, es la situación social descrita anteriormente la que por un lado lleva a las drogas como vía de escape, y por el otro a la cultura y la música como elemento contracultural de oposición al establishment. Rock y drogadicción son dos sujetos distintos que confluyen en un mismo grupo social porque se originan del mismo problema, no porque estén vinculados entre sí.

¿Y qué queda detrás de todo esto? Familias desestructuradas, drogadictos, delincuencia, corrupción. Nombres como Namond Brice, Michael Lee, Bubbles, Bodie o Clay Davis. O si lo prefieren como Francisco Campos, Juanma y Iosu de Eskorbuto, o Rodríguez Galindo. Queda una generación aniquilada por el caballo, unas clases bajas víctimas de un capitalismo asesino. El rock español, que se vio fuertemente afectado por el fenómeno, puso voz a la tragedia y grupos como Muro, Leize o Legion entre otros muchos dedicaron canciones a la lucha contra la heroína.

Iosu (Eskorbuto) en un reportaje contra las drogas

Iosu (Eskorbuto) en un reportaje contra las drogas

Las vidas de muchos quedaron rotas para siempre y empezaron a surgir unos efectos devastadores que no se conocían. Me refiero al SIDA por ejemplo, que tuvo un impacto brutal en los primeros años noventa y del que se hicieron eco grupos como Asfalto. Esta terrible enfermedad también tuvo unas trágicas consecuencias sociales para quienes la padecían, un nuevo fenómeno de discriminación que reflejaron en sus canciones grupos como los vascos Soziedad Alkohólika.

Después de todo este tiempo siguen quedando restos del drama aquí descrito. Llegados a este punto me veo obligado a citar el excelente documental sobre Bobby Liebling, que nos lanza una descorazonadora y cruda demostración de lo que la droga puede llegar a causar a una persona y en su alrededor. Detrás de lo descrito de manera coral en The Wire o el documental de la ETB queda esto. Personas que si consiguieron sobrevivir han quedado marcadas de por vida. Enfermedades, paranoyas, desilusión por lo perdido, familias destrozadas, presidios. Un grupo de la magnitud de Pentagram, totalmente revolucionario en su época y que como se relata en Last days here estuvo a punto de tocar el cielo, bajó al infierno por culpa de la adicción de Liebling a las drogas. Al final de todos los años lo que queda es la enorme tristeza de alguien que posiblemente en su día estuvo desilusionado y cansado de la realidad que le rodeaba.

Bobby Liebling (Last days here)

Bobby Liebling (Last days here)

Les invito a volver al tercer párrafo de esta entrada. Conflictos políticos, represión policial, crisis económica, pérdida del tejido productivo, paro, futuro incierto para los jóvenes y hastío de la situación. A todos deberían sonarnos estas palabras. No está de más permanecer alerta en situaciones como la actual porque son un escenario excelente para que ocurran fenómenos como los aquí descritos. Muy improbable es que el consumo de heroína vuelva a remontar por la deslegitimación que sufrió durante los años noventa, pero constantemente aparecen nuevas drogas que con la desinformación necesaria pueden llegar a convertirse en un grave problema social. Según la última encuesta EDADES (2011) del Ministerio de Sanidad, el consumo de todas las drogas estudiadas ha disminuido con respecto a 2009 excepto el de hipnosedantes, que ha crecido en cuatro puntos porcentuales. Posiblemente este sea un patrón de consumo transitorio debido a la crisis, pero no debemos obviar lo que estos datos arrojan y el peligro que hay tras la situación. Las reglas cambian, el juego sigue siendo el mismo.

Rafa Carpena, la voz del simulacro

Parece ser que estamos de suerte, España es heavy dicen. Resulta que anoche cuando abrí twitter me encontré con montones de tweets y trend topics hablando de que Rafa Carpena, cantante de Nocturnia, había ganado La Voz, un programa de televisión con un esquema parecido al de Operación Triunfo. Las opiniones de los aficionados al heavy metal eran diversas, desde los que lo felicitaban y se alegraban hasta los que no entendían el revuelo. Lo que me llama poderosamente la atención y no logro comprender muy bien es que desde numerosos medios especializados se haya hecho un fervoroso seguimiento de la participación de este buen hombre en el concurso. Hablo de medios que están dentro del entorno comunicativo tradicional (caso de El Vuelo del Fénix), pero también me refiero a otros medios que se encuentran en cierto modo en el “underground”, lo que me deja perplejo.

No es ningún secreto el funcionamiento de estos programas y ya sabemos lo que acabará pasando con este tema, pues es otra demostración más de la sociedad de consumo a la que ya estamos bien acostumbrados. Los medios de comunicación son un agente fundamental en este modelo, creando iconos que van y vienen manteniendo enganchada a una masa a hábitos de consumo en constante cambio. Es la rueda imparable del consumismo, en la que las necesidades creadas obsesionan a la masa hasta que otras nuevas aparecen. En esta rueda es donde ha entrado ahora Rafa Carpena convirtiéndose en uno de estos fugaces iconos con fecha de caducidad. Es un perfecto ejemplo de lo que Jean Baudrillard explica como hiperrealidad, donde es la ficción lo que interpretamos como realidad, un producto cultural que no es más que una representación. La figura que los medios están lanzando al estrellato fugaz no es real, es un producto de consumo ficticio que representa una realidad.

Que un movimiento esencialmente contracultural entre en esta dinámica es peligroso para la supervivencia de las bases del mismo. Y esto no es un alegato de talibanismo ni nada parecido, pero pensemos en lo que le ha ocurrido a las corrientes contraculturales que han entrado de lleno en el engranaje consumista, han ido perdiendo irremediablemente su razón de ser, a pesar de que siempre existan quienes defiendan su origen. Que no se me entienda mal, no quiero ni mucho menos que el heavy metal se quede encerrado en una jaula alejado de todo y ajeno al mundo, el género debe crecer y darse a conocer, moverse en las nuevas tecnologías y esforzarse por ser consumido, como ya dije en este artículo. Pero convertirse en un producto más de una sociedad de consumo insaciable no es el camino, si el heavy metal se quiere mantener como un movimiento contracultural opuesto al status quo ha de permanecer alejado de esta estructura y crecer por sus propios méritos. Solo así se sobrevivirá dignamente.

Rafa Carpena y David Bisbal

Rafa Carpena y David Bisbal

Resulta cuanto menos curioso ver el video arriba enlazado y toparse con un Jesús Vázquez diciendo eso de “España es heavy”, lema convertido ahora en trend topic en twitter. España dista mucho de ser heavy, España es, de hecho, un país que a menudo da bastante vergüenza ajena. Este país nunca será heavy porque no cree en la cultura, sino que programas como “La Voz” pretenden hacer el papel de defensores del arte, pero nada más lejos de la realidad, propuestas como esta lo que promueven es exactamente lo opuesto al arte, su simulacro. En España no hay una base cultural sobre la que apoyarse, por eso que un amante del rock se convierta en un referente público es algo negativo, porque nunca lo hará siendo producto de una sociedad que cree en el arte y la cultura, lo hará en calidad de símbolo de consumo perecedero.

Este país seguirá viendo con ojos prejuiciosos todo lo relacionado con el rock. Todo seguirá igual, la enorme cantidad de excelentes grupos que se mueren de asco por no tener oportunidades, los inaccesibles locales para tocar música en directo, el boicot del sector público a todo lo que huela a cultura, la precaria organización de eventos y mil cosas más. Rafa Carpena estará un tiempo en la palestra y probablemente Nocturnia pegará el pelotazo. Sin embargo nada va a cambiar, tener el pelo largo seguirá siendo motivo para no encontrar trabajo y para que te pare la Guardia Civil.

La figura de Satán como símbolo de desviación social en la música

Resulta curiosa la asimilación que se tiene del vínculo entre el mundo del metal y el satanismo. Basta con hacer un breve sondeo para darse cuenta de la concepción social que hay acerca de esto. Es innegable la identificación de esta música como demoníaca, tanto desde fuera como desde dentro, la imaginería satánica está continuamente presente en símbolos, letras y estética en el heavy metal. La relación que existe es evidente, pero no lo es tanto el origen de esta. Desde los albores del género han existido guiños explícitos al universo de lo maligno, pero si preguntamos el porqué seguramente encontremos discrepancias, ya que no es una cuestión sobre la que se haya reflexionado en demasía. Mi propósito en este artículo es arrojar un poco de luz sobre el asunto aportando una teoría que desde la perspectiva sociológica sea capaz de explicar la génesis de la inseparable relación del heavy metal con la figura del diablo.

Para comprender en su totalidad un concepto una de las mejores estrategias es analizarlo etimológicamente, así entenderemos el significado original del término. La tradición cristiana ha dado al demonio multitud de nombres que han descrito las diferentes formas del mismo, pero el que nos interesa especialmente es el de Satán. Su procedencia se encuentra en el arameo, de ha-shatan, que se traduce como adversario, enemigo. El símbolo del adversario ha sido utilizado en la mitología a la largo de la historia para representar lo opuesto a lo deseable, para encarnar “el mal”. Esta figura ha estado presente en la mayoría de religiones y ha tomado multitud de nombres, sin embargo el fin social de este ente siempre ha sido el mismo: simbolizar el referente negativo sobre el que se sientan los valores de una determinada cultura. Este mecanismo es fundamental para la construcción de identidades, se trata de una dinámica intragrupo/exogrupo en la que a través de un referente ajeno que produce animadversión se fortalece la cohesión interna de un grupo social.

Representación de Satanás por Gustave Doré

Esta estrategia originalmente mitológica tiene sin duda un fin social. El diablo no es por tanto un elemento religioso, es esencialmente un símbolo cuya utilidad es servir a la comunidad católica como enemigo común frente al que constituir su propia identidad. Este funcionamiento lo explica a la perfección el filósofo italiano experto en semiótica Umberto Eco en su novela “El nombre de la rosa”. En ella, Jorge de Burgos, refiriéndose a los blasfemos dice: “Yo diría que su presencia nos es imprescindible, se inscribe dentro del plan divino, porque su pecado estimula nuestra virtud, su blasfemia alienta nuestra alabanza, su penitencia desordenada modera nuestra tendencia al sacrificio, su impiedad da brillo a nuestra piedad, así como el príncipe de las tinieblas fue necesario, con su rebelión y su desesperanza, para que resplandeciera mejor la gloria de Dios, principio y fin de toda esperanza”.

Si avanzamos varios siglos y revisamos otra clásica obra de ficción, encontramos exactamente el mismo planteamiento pero esta vez actualizado a la sociedad moderna y sin matices religiosos. Recordemos esta escena de Scarface donde Tony Montana señala que él es el “tipo malo” necesario para que otros se crean buenos. Es exactamente el mismo esquema, Tony Montana es el diablo, sin gente como él no habría un referente al que evitar. Con estos dos ejemplos se ilustra el concepto de desviación social, que se refiere a las conductas que no concuerdan con las normas sociales dominantes. Estos comportamientos divergentes son etiquetados socialmente en un proceso de estigmatización que señala a los desviados con el fin de excluirlos.

Ahora situémonos en una cultura en la que lo social y lo religioso estén tan estrechamente conectados que lleguen a fundirse, en el medievo europeo por ejemplo. En este tipo de sociedades profundamente religiosas la frontera entre ambas esferas es tan difusa que estas apenas pueden distinguirse. Lo diferente, la desviación social, es por tanto estigmatizada como demoníaca. Con este planteamiento se comprende el papel de la Inquisición, que actuaba como sanción religiosa a comportamientos sociales. En este escenario encontramos un excelente ejemplo, el Diabolus in musica, un concepto desarrollado por Guido de Arezzo, un monje benedictino que interpretó el tritono como una forma de invocación satánica. Ahora bien, ¿qué es el tritono? Se trata de un tipo de acorde disonante que resulta chocante para el oyente, en definitiva, produce un sonido diferente, alejado de la norma. La reproducción de este Diabolus in musica estuvo duramente castigada durante largo tiempo, pero con el paso de los siglos fue permitiéndose su uso hasta convertirse a día de hoy en un recurso ampliamente utilizado.

Este no es el único ejemplo que muestra que la atribución satánica a lo diferente viene de lejos. Según se cuenta, el famoso violinista del siglo XVIII Giuseppe Tartini, compuso su famoso “Trino del diablo” tras tener un sueño en el que el mismísimo demonio interpretaba la más hermosa pieza de violín que jamás había escuchado. El compositor italiano al despertar cogió inmediatamente su violín y trató de ejecutar la composición, pero el resultado quedó muy lejos de la belleza de la pieza original que el diablo tocaba en su sueño.

Tartini y el diablo

Otro caso clarificador es el de Niccolò Paganini, probablemente el violinista más reconocido de la historia. Es conocida la leyenda que atribuye al compositor el haber vendido su alma al diablo. Pero ¿qué se esconde realmente tras esto? Nada más y nada menos que Paganini era un tipo extraordinariamente raro. A su inusual maestría musical (probablemente causa de su hiperlaxitud) hay que añadirle una personalidad excéntrica y extravagante impropia de alguien de su clase, una vida pendenciera y un aspecto tenebroso. Tal era la fama de endemoniado del compositor italiano que hasta se le negó sepultura eclesiástica tras su muerte.

Se podrían poner muchos otros ejemplos de situaciones parecidas a estas, pero seguramente seguiríamos encontrando un factor común: lo diferente, la desviación, el carácter de adversario. No es casualidad que se estigmatizara como satánico a lo que escapaba a los límites cognitivos de la época, lo desconocido está en el terreno de lo ajeno y lo maligno. Así, a lo largo de la historia se ha configurado la figura de Satán como un símbolo de la desviación social, de lo opuesto al status quo. Esta desviación puede manifestarse de distintas formas,  como oposición explícita a lo establecido, como lo diferente o desconocido (caso del tritono o del carácter de Paganini), o simplemente como la innovación artística,  que no deja de ser un sinónimo de lo desconocido, como fue el caso del “Trino del diablo” de Tartini.

Ya en el siglo XX y con la eclosión de multitud de movimientos musicales, surgieron una gran cantidad de géneros como oposición al status quo. El blues, el jazz, el rock, la música latina o incluso el flamenco tienen en su origen un claro factor contracultural, pues nacen de las clases populares, que imposibilitadas para expresarse formalmente canalizaron sus emociones a través del arte. La génesis de todas estas corrientes se encuentra en la desviación social, experimentaron en lo desconocido enfrentándose a las normas sociales dominantes. Muchos de estos movimientos no fueron tachados de satánicos por diversos factores, pero a muchos otros si se les ha atribuido cierto matiz demoníaco.

Probablemente el rock (con sus futuras derivaciones) sea el estilo que más se ha conectado con la figura del diablo, tanto desde fuera como desde dentro. En este género se encuentran muchísimas referencias, desde el álbum “Their satanic majesties request” de 1967 de The Rolling Stones, hasta los reconocidísimos King Crimson (que significa rey carmesí, una posible alegoría del demonio), pasando por el explícito nombre de los también progresivos Lucifer’s friend.

Pero parece claro que el movimiento que más se ha identificado con el satanismo ha sido el metal, otro género que en su origen encarna un fuerte movimiento contracultural crítico con el status quo. Con sus raíces en el rock parece evidente que heredaron cierto estigma satánico que ya se había empezado a desarrollar anteriormente. Probablemente las primeras referencias diabólicas en el heavy metal las encontramos en Black Sabbath, grupo absolutamente revolucionario en forma y fondo, satánicos hasta la médula. Su filosofía, su innovación musical, su estética y sus letras eran el paradigma de Satán. Buena parte de la culpa probablemente fuera de su excéntrico bajista Geezer Butler, un obseso del ocultismo, un tipo raro, como Paganini. Este diabólico cuarteto comenzaba su primer disco (de 1970) con una misteriosa e inquietante composición (curiosamente basada en el tritono) absolutamente oscura y maligna, acompañada por una letra que relata una aparición del demonio.

Black Sabbath

Abierta la veda surgieron millones de grupos que siguieron explotando esta morbosa vertiente de maneras muy distintas. La figura de Satán fue evolucionando en el metal, lo que en un principio fue símbolo de desviación social fue tomando diferentes formas, aprovechando el más que obvio factor cautivador y teatral (ahí está el ejemplo de King Diamond), o como elemento para el marketing más descarado como en el caso de Kiss. También creo que es necesario señalar cierto factor de retroalimentación, esencialmente en Norteamérica, donde se llevó a cabo una persecución contra grupos de heavy metal por ejercer en teoría una influencia maligna sobre los jóvenes, situación que considero no hizo más que avivar las llamas de la provocación. En las últimas décadas se ha seguido desarrollando la imaginería satánica en el metal, desde los grupos que aprovechan el potencial de la parafernalia demoníaca, hasta los que utilizan la figura del diablo como símbolo de disconformidad. Pero desde luego la interpretación que más repercusión ha tenido ha sido la que lleva al extremo el satanismo, asumiéndolo como una creencia seria que en ocasiones incluso ha dado lugar a delitos de carácter anticristiano. Hablo fundamentalmente del black metal y de comunidades como el Inner Circle. En muchos de estos grupos es realmente difícil discernir entre los que utilizan el satanismo como parafernalia y los que realmente se lo toman en serio como una creencia religiosa o filosófica.

Euronymous (Mayhem)

¿Es entonces el heavy metal satánico? Si estamos hablando desde una perspectiva religiosa la respuesta es negativa, pero si abordamos la cuestión desde un punto de vista social la respuesta es sin duda afirmativa, al menos en su origen. Pero no solo el metal, hablando desde un punto de vista sociológico y teniendo en cuenta lo explicado anteriormente, formarían parte de esta corriente demoníaca multitud de géneros musicales, corrientes artísticas e incluso actitudes. En definitiva cualquier elemento que sea divergente de lo socialmente aceptado como normal, todo lo que se considere desviación social. No olvidemos que la figura del diablo no es más que una representación mitológica de los valores opuestos al orden social de determinadas culturas. Resulta paradójico pensar que el cuestionamiento de los dogmas imperantes, y por ende el camino al progreso, se interpreta bajo esta tesis como una actitud diabólica. Galileo fue, al fin y al cabo, tan satánico como Geezer Butler.

Innovación en el mercado del metal: ¿Comercialismo o adaptación?

Hace solo unos días y tras la publicación en este blog de uno de los artículos, varias personas acabamos debatiendo sobre el papel del heavy metal en el mercado actualmente. Comentaron como muchos de los bares y discotecas heavys están estancados en un modelo antiguo y no se preocupan por modernizarlos mínimamente, frente a la innovación constante de otro tipo de negocios. Otro de los interlocutores barajaba la posibilidad de que los conciertos estén sufriendo un declive no por la crisis, sino por una tendencia a la baja provocada por el desinterés en la música en directo, como en su día ya se vivió en el sector del cómic por ejemplo. Este intercambio de opiniones me hizo plantearme la posición de este género musical de cara a los retos de futuro que se nos van a presentar: ¿debe el metal luchar por buscar su hueco en el mercado o permanecer como una cultura underground alejada completamente de la estructura mercantil?. Antes de nada me gustaría aclarar lo que entiendo por el mercado del metal, con esto me refiero a todas las actividades económicas que se conecten con el amplio mundo de esta música, es decir, ventas de discos, conciertos, promoción, medios de comunicación, bares y discotecas, sellos discográficos, promotoras, etc.

La complicación de esta cuestión radica en gran parte en la compleja idiosincrasia de los círculos más underground del metal, que son  los que están empapados de la pureza del género y en los que se suelen mover muchos de los grupos que atesoran mejores cualidades. Precisamente esto es así porque estos círculos son los que no han sido devorados ferozmente por un mercado a menudo falto de escrúpulos e impío con el arte, no cuento nada nuevo y esto no es exclusivo del mundo del heavy. Estos sectores son especialmente tradicionalistas y reacios a este mercado salvaje por miedo al comercialismo, que como digo está bastante justificado, pues todos conocemos como funcionan muchos de los medios dedicados al metal y el enchufismo que ha habido en ellos, donde son el dinero y los contactos los que mandan. Por este tipo de cuestiones encontramos un público muy reacio a todo lo que huela a mercado y al final se trata de un ámbito puramente vocacional en el que la entrada del dinero no es bien vista, en definitiva estamos hablando de una estructura compleja que a menudo funciona por el amor al arte, nunca mejor dicho. Además de esto encontramos un sector en el que los revivals tienen una fuerza significativa, así hemos visto el resurgimiento del black metal o el thrash metal en los último años, y el coleccionismo y vuelta de formatos antiguos como el vinilo, el cassette o los fanzines son un claro ejemplo del tradicionalismo del que hablo, lo que también produce cierto rechazo a la innovación en muchos aspectos.

EP de Iron Curtain editado solo en vinilo

Uno de los problemas de este esquema es el de afrontar los retos de futuro, la sociedad de la información y la revolución tecnológica están cambiando por completo el escenario social, y permanecer anclados en antiguos modelos puede ser un lastre. No olvidemos uno de los grandes problemas a los que se enfrenta el heavy metal en los años venideros, la desaparición de las bandas míticas y la necesidad de regeneración. Sin duda la solución es apostar por nuevas bandas y desde luego esto se hace desde muchas partes, pero no con la suficiente intensidad como para mantener fuerte la escena del heavy metal, y si esto no se consigue nos encontraremos en un problema serio porque caerán muchas de las actividades económicas que actualmente siguen funcionando. Aquí es donde creo que se debe actuar, se debe plantear el equilibrio entre el rechazo frontal al mercado y el comercialismo. Para sobrevivir es necesario adaptarse a los nuevos tiempos, pero esto no quiere decir perder el el norte, es simple y llanamente darwinismo. No hablo de cambiar musicalmente ni de venderse a los intereses de empresas sin escrúpulos, ni mucho menos, me refiero fundamentalmente a innovación y marketing, a aprovechar las nuevas tecnologías, el mundo audiovisual y su fácil acceso y los nuevos canales de información. Un ejemplo de aprovechamiento de recursos es el programa de heavy metal Metalovisión, que a través de la red, utilizando las oportunidades que brinda el material audiovisual y plataformas como YouTube y aprovechando el potencial de las redes sociales han elaborado en poco tiempo un proyecto de bastante éxito por la originalidad de su formato.

¿Es posible la innovación en este mercado sin que se pierda la esencia del del arte y su pureza? ¿podemos llegar a la adaptación sin caer en el comercialismo? En torno a estas preguntas debe girar un debate interno que no nos queda más remedio que plantearnos si queremos hacer frente a un futuro que se antoja difícil, pues el relevo generacional es inminente. Sin lugar a dudas enfocarse a un planteamiento puramente mercantilista nos hará desviarnos de nuestro objetivo principal, pero el aprovechamiento al máximo de los recursos que ofrece la revolución tecnológica para el cumplimiento de nuestros objetivos considero que es esencial de cara al futuro. Aportar un valor añadido a las actividades que se realicen no es sinónimo de perder la pureza, es una simple estrategia de marketing que nos coloca en una mejor posición para adaptarnos a los cambios. Ahí tenemos el ejemplo de los gaditanos Glazz, un fantástico grupo de jazz rock que manteniendo la pureza y calidad de su música se han valido de la red y sus posibilidades para darse a conocer y han alcanzado una notable popularidad en parte gracias a ello, llegando a realizar una miniserie de humor en la que promocionaban sus actuaciones. Creatividad, innovación, aprovechamiento de recursos y marketing sin perder la esencia del arte. No hay que tener ningún miedo de todo ello, ¿acaso King Diamond y su parafernalia no siguieron este mismo esquema?.

El abandono de la música en Granada y la “pérdida de cerebros creativos”

Hace unos días leía en facebook una interesante reflexión de Alex Roca (batería de Humor Vítreo) acerca de la situación de la música en directo en la ciudad de Granada. No le falta razón en muchas de las cosas que plantea, en algunos matices discrepo y en otros creo necesario profundizar más, y quiero exponer aquí mi opinión. En los últimos tiempos hemos visto como en la ciudad de Granada (y en muchas otras) se ha ido mermando la vida musical debido a varios factores: la ordenanza cívica y su prohibición de música en la calle, el cierre de salas de conciertos como El Taller del Rock y ahora la Sala Who, las persecuciones a pubs musicales y que ofrecían espectáculos en directo, la crisis económica, etc. Todas estas cuestiones desembocan en un fin común: el deterioro de la vida cultural de la ciudad. Pero los culpables de la misma no están solo en una dirección, gran parte de la responsabilidad recae en el círculo político, pero también tienen su parte promotores, grupos, público, e incluso medios de comunicación. Ninguno nos libramos de nuestro pequeño cupo de culpa en esta situación, aunque está claro que unos son mucho más responsables que otros.

Alex se centra en las bandas emergentes y creo que hace bien, realmente son las grandes perjudicadas con este panorama, al fin y al cabo los que ya tienen cierto nombre forjado no se las ven y se las desean para no perder dinero organizando un bolo, y aunque la venta de música y asistencia a conciertos haya decrecido con la crisis para cualquier artista, son los músicos noveles los que se ven gravemente afectados por la situación, pues no cuentan con un potencial previo que les haga subsistir durante las vacas flacas, y muchos probablemente se queden en el camino por la imposibilidad de desarrollar su actividad sin constantes pérdidas económicas. Una rica escena musical emergente está abocada al abismo y es algo dramático. De igual forma que la fuga de cerebros nos hace perder grandes profesionales por no tener un tejido productivo que los acoja, lo que en términos políticos supone una gran inversión desaprovechada, cuando en una ciudad como Granada, que tradicionalmente ha contado con una espléndida vida cultural, se quiebran gran parte de sus estructuras de difusión de artistas se pierde una enorme cantidad de potenciales talentos, que sin posibilidades de sacar a la luz sus creaciones se quedan mudos frente al público, perdiendo no solo su oportunidad personal de expresarse artísticamente, sino también la de hacer más grande a una ciudad mágica, rebosante de vida, a la que poco a poco están callando.

Como ya hemos mencionado esta chapuza cultural que se vive en multitud de ciudades españolas está gestada en gran parte por la desastrosa gestión política a la que parece importarle bien poco la cultura cotidiana, no les interesa mirar más allá de un gran festival anual de X o Y en el que hacerse la foto y con el que sacar pecho, pero así no sobrevive culturalmente una ciudad, así no se saca partido a la multitud de almas creativas expectantes de oportunidades. En el texto al que hago referencia se apuntan muchas soluciones que comparto: Pequeñas salas asequibles para artistas noveles, como en su día lo era El Taller del Rock, concursos, pubs con música en directo, o la resurrección de la música en la calle, que tan hermoso hace el paseo por una ciudad de la belleza de Granada. Pero mientras tanto el infame botellódromo es lo que promociona el Ayuntamiento, y la Fiesta de la Primavera es uno de los reclamos principales de Granada para los jóvenes, donde se convierte la ciudad en una procesión de zombis alcoholizados atraídos por la propaganda de la borrachera, en lugar de aprovechar dicha festividad organizando eventos culturales. Mientras esto sea lo que sigue pasando en Granada semana tras semana la vida musical de la ciudad seguirá estando en un plano secundario.

Botellódromo en la fiesta de la Primavera

Pero también tendremos que acatar los demás nuestra porción de culpablidad. Dada la situación de crisis quizás las salas deberían ajustar sus precios para dar oportunidades a la escena emergente, o simplemente ofrecer atractivos servicios puntuales para dar vida a un circuito local que no tiene nada fácil dar a conocer su música. El público es otra de las partes fundamentales del problema, y entiendo la menor afluencia a los conciertos, hay una situación económica nefasta y entre las necesidades primarias no está la música en directo, pero en nuestra mano está decidir si dejamos perecer a los nuevos talentos o les echamos una mano. Está claro que cada uno acude a lo que puede o a lo que le gusta, pero no estaría de más reflexionar en que por unas pocas monedas podemos dar la oportunidad a que bandas noveles se financien sus actuaciones y salgan adelante, no todo son grandes conciertos y bandas de fuera, en la misma Granada hay grandes grupos de todos los estilos ansiosos por tocar. Ya hubo una época dorada del metal en esta ciudad y han salido bandas muy reconocidas, hoy sigue habiendo chavales veinteañeros que hacen las cosas muy bien y a los que quizás no estamos prestando la atención que merecen, con el apoyo necesario ellos serán los Canker o los Azrael del mañana, pero sin público al otro lado del escenario acabarán disolviéndose, dejando la música o dedicándose a otros menesteres, se convertirán en polvo.

Sin embargo quedarnos aquí lamentándonos por lo mal que estamos y echando pestes de todo creo que no es positivo, y sobre todo no es honesto ni cierto. Valoro muchísimo las iniciativas que se hacen al margen de todo lo dicho y no creo para nada que sean en vano. Ahí está Granada en Off en respuesta a todo lo citado anteriormente, luchando por que que no se le ponga la mordaza a la música en la ciudad. Y en el ámbito del heavy metal hago una mención especial al trabajo incansable que se hace desde la asociación Metalmancho, en la que he tenido el gusto de ser miembro durante años y en la que sé de primera mano que todo se hace de la mejor manera posible, siempre pensando en las bandas noveles, ofreciéndoles el mejor trato y condiciones para que se den a conocer. En los conciertos organizados por este club han pasado montones de grupos de la provincia, de diversos estilos dentro del metal y contando siempre con una nutrida afluencia de público. Con ideas como estas se colabora intesamente en fortalecer una escena que desde otros ámbitos se empeñan en destruir. Desde luego la vida cultural de una ciudad no puede mantenerse en primera línea solo con la actividad de asociaciones, pero son un excelente medio para recordar el patrimonio que tenemos y que si no lo apoyamos corremos un serio riesgo de producir una preocupante “pérdida de cerebros creativos”.

Público del festival de Granada en Off. Foto: Antonio Casas