El caballo que aniquiló a una generación: The Wire, el rock vasco y Bobby Liebling

“Rules change. The game remains the same.”
The Wire

Quizás llame la atención que comience con una cita de The Wire, pero es que esta fantástica serie chorrea ejemplos de la vida cotidiana que nos enseñan a comprender el mundo. Hoy voy a hablar de uno de los fenómenos más negros que han acompañado al rock y que han golpeado con especial fuerza a determinadas generaciones y lugares: La droga, y especialmente me voy a referir a la heroína y el daño que causó en regiones españolas como el País Vasco, como representación de una tendencia que azotó el mundo entero con semejantes orígenes y consecuencias.

Me gusta tomar buenos ejemplos sobre los que sentarme para reforzar mis argumentos, esta vez voy a hacerlo sobre tres. En primer lugar el reportaje de La caja negra de ETB que trata sobre la incidencia de la heroína en los jóvenes vascos de la década de los ochenta, haciendo hincapié en los orígenes del fenómeno y en sus consecuencias. Otro estupendo documental es Last days here, que nos muestra la vida del líder de Pentagram Bobby Liebling, quien ha arrastrado una severa adicción a las drogas, y aquí somos testigos de las devastadoras consecuencias que tienen. Sin duda, el imprescindible tercer ejemplo que tomo es la serie americana The Wire, cierto es que se trata de ficción, pero es de una fidelidad asombrosa, David Simon nos enseña la compleja telaraña de Baltimore, desde los despachos a las alcantarillas, y somos capaces de entender el cómo y el porqué de lo que se muestra en los dos documentales reales que acabo de citar. Puede estar tranquilo el lector que no haya visto la serie porque no voy a desvelar nada de ella en concreto, solo las reveladoras conclusiones que se pueden sacar de su visionado.

The Wire

The Wire

Para situarnos hagamos un viaje mental al Euskadi de los años ochenta. Recién salidos de la dictadura franquista, con una importante represión policial, conflictos políticos, y una gran población juvenil producto del baby boom. A este escenario hay que añadirle un ingrediente más, posiblemente el más importante de todos, la reconversión industrial. Este proceso tuvo como consecuencia una grave pérdida de tejido industrial y unos altísimos niveles de paro, ya que se desmantelaron los sectores industriales que ocupaban al grueso de la población. La solución de esta ecuación no es muy complicada: Un gran número de jóvenes abocados al paro y a un futuro incierto, que para colmo de males se vieron en el centro de unos tiempos convulsos. Todo esto se cita en el documental de La caja negra comentado por sus propios protagonistas. Sentían incertidumbre y hastío frente a un tiempo que los machacaba, no tenían una salida, así que buscaron una vía de escape artificial, la heroína, víctimas también de la desinformación. Muchos de estos jóvenes formarían las bandas clásicas de punk vasco como Eskorbuto o R.I.P., en cuyas letras se reflejaba a la perfección este descontento y hastío (como ejemplo el playlist de esta entrada).

Eskorbuto

Eskorbuto

Ampliemos las miras, cambiemos Euskadi por Baltimore o por el Birmingham de los años setenta. Todo esto se resume a fin de cuentas en lo que se conoce desde la sociología como anomia, que podríamos describir como la incapacidad de la estructura social para dotar a los individuos de los medios para alcanzar las metas culturalmente legítimas. Esta situación desemboca en la desviación social, que se puede materializar de diferentes formas, como por ejemplo la que nos atañe en este artículo.

El lector avispado que haya disfrutado de The Wire ya se habrá percatado de que las diferencias entre lo planteado y el contexto de la serie son escasas. De un lado el éxito, el poder, del otro lado la inexistencia de mecanismos que lleven a ello. El resultado: Bubbles. Y cuando digo Bubbles digo cualquier adicto a las drogas, o cualquier personaje que busque salidas alternativas a una realidad que le niega lo que aparece en el escaparate. Esto solo es ficción claro, pues cambien el nombre de Bubbles por el de Iosu de Eskorbuto, o por el de Bobby Liebling. Este producto social no deseado no deja de ser parte de una rueda en la que todos participan. No nos tiembla el dedo acusador a la hora de señalar, sin embargo ellos son tan necesarios como el político, el abogado o el camello, forman parte del mismo juego, solo que a ellos les tocó perder. Si no fuera por el negocio de la droga estas regiones deprimidas no hubieran podido subsistir, o el político de turno no hubiera podido utilizar el problema como arma arrojadiza. Pues toda esta perorata David Simon la pone en boca de Omar Little, con cuatro simples palabras: “All in the game.

Bubbles(The Wire)

Bubbles(The Wire)

Salta a la vista una hipocresía descomunal y a todos los niveles. Tanto en los documentales reales como en la citada serie se puede advertir la pasividad policial frente al consumo de drogas, que en cierto modo se permite o incluso se llega a incentivar (pongan aquí el ejemplo de Hamsterdam). ¿Y luego qué? delincuencia, policía, juicios, abogados, estrategias políticas, periodismo, educación. Luego, el negocio. Todo forma parte de una compleja red de estructuras que interactúan entre sí. En el documental de ETB se habla de como la izquierda abertzale (en un principio reacia al rock vasco por sus influencias extranjeras) acabó utilizando este movimiento musical para captar a una juventud desilusionada. Llámese Herri Batasuna o llámese Tommy Carcetti, los carroñeros políticos no tardan en llegar para aprovechar estas situaciones en su propio beneficio. Poco importa el drama social o la aniquilación de toda una generación, el potencial político del fenómeno es apabullante, así que tonto el último. All in the game.

El político Carcetti en los suburbios de Baltimore (The Wire)

El político Carcetti en los suburbios de Baltimore (The Wire)

Para que se produzca esto hay por supuesto un sector público que ignora a la juventud y sus necesidades, frente a lo que surgen interesantísimos movimientos culturales y musicales que sin otro remedio se desarrollan mediante la autogestión (Do It Yourself). Grupos de música, centros sociales okupados (gaztetxes en Euskadi) o fanzines. Excluídos del sistema la juventud reacciona y pone en marcha proyectos de toda índole que se vieron ensombrecidos por la heroína. Como era de esperar en casos como este se ha vinculado tradicionalmente (e interesadamente) el rock con las drogas y esta ha sido una eficaz manera de criminalizarlo. Pero no debemos confundirnos. La socióloga Teresa Laespada da en la clave en el reportaje de La caja negra: “Yo creo que hay una relación entre música y drogas porque el movimiento juvenil lidera los dos procesos, no porque ambos estén en sí unidos”. Es decir, no es la música la que lleva a las drogas, es la situación social descrita anteriormente la que por un lado lleva a las drogas como vía de escape, y por el otro a la cultura y la música como elemento contracultural de oposición al establishment. Rock y drogadicción son dos sujetos distintos que confluyen en un mismo grupo social porque se originan del mismo problema, no porque estén vinculados entre sí.

¿Y qué queda detrás de todo esto? Familias desestructuradas, drogadictos, delincuencia, corrupción. Nombres como Namond Brice, Michael Lee, Bubbles, Bodie o Clay Davis. O si lo prefieren como Francisco Campos, Juanma y Iosu de Eskorbuto, o Rodríguez Galindo. Queda una generación aniquilada por el caballo, unas clases bajas víctimas de un capitalismo asesino. El rock español, que se vio fuertemente afectado por el fenómeno, puso voz a la tragedia y grupos como Muro, Leize o Legion entre otros muchos dedicaron canciones a la lucha contra la heroína.

Iosu (Eskorbuto) en un reportaje contra las drogas

Iosu (Eskorbuto) en un reportaje contra las drogas

Las vidas de muchos quedaron rotas para siempre y empezaron a surgir unos efectos devastadores que no se conocían. Me refiero al SIDA por ejemplo, que tuvo un impacto brutal en los primeros años noventa y del que se hicieron eco grupos como Asfalto. Esta terrible enfermedad también tuvo unas trágicas consecuencias sociales para quienes la padecían, un nuevo fenómeno de discriminación que reflejaron en sus canciones grupos como los vascos Soziedad Alkohólika.

Después de todo este tiempo siguen quedando restos del drama aquí descrito. Llegados a este punto me veo obligado a citar el excelente documental sobre Bobby Liebling, que nos lanza una descorazonadora y cruda demostración de lo que la droga puede llegar a causar a una persona y en su alrededor. Detrás de lo descrito de manera coral en The Wire o el documental de la ETB queda esto. Personas que si consiguieron sobrevivir han quedado marcadas de por vida. Enfermedades, paranoyas, desilusión por lo perdido, familias destrozadas, presidios. Un grupo de la magnitud de Pentagram, totalmente revolucionario en su época y que como se relata en Last days here estuvo a punto de tocar el cielo, bajó al infierno por culpa de la adicción de Liebling a las drogas. Al final de todos los años lo que queda es la enorme tristeza de alguien que posiblemente en su día estuvo desilusionado y cansado de la realidad que le rodeaba.

Bobby Liebling (Last days here)

Bobby Liebling (Last days here)

Les invito a volver al tercer párrafo de esta entrada. Conflictos políticos, represión policial, crisis económica, pérdida del tejido productivo, paro, futuro incierto para los jóvenes y hastío de la situación. A todos deberían sonarnos estas palabras. No está de más permanecer alerta en situaciones como la actual porque son un escenario excelente para que ocurran fenómenos como los aquí descritos. Muy improbable es que el consumo de heroína vuelva a remontar por la deslegitimación que sufrió durante los años noventa, pero constantemente aparecen nuevas drogas que con la desinformación necesaria pueden llegar a convertirse en un grave problema social. Según la última encuesta EDADES (2011) del Ministerio de Sanidad, el consumo de todas las drogas estudiadas ha disminuido con respecto a 2009 excepto el de hipnosedantes, que ha crecido en cuatro puntos porcentuales. Posiblemente este sea un patrón de consumo transitorio debido a la crisis, pero no debemos obviar lo que estos datos arrojan y el peligro que hay tras la situación. Las reglas cambian, el juego sigue siendo el mismo.

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