La figura de Satán como símbolo de desviación social en la música

Resulta curiosa la asimilación que se tiene del vínculo entre el mundo del metal y el satanismo. Basta con hacer un breve sondeo para darse cuenta de la concepción social que hay acerca de esto. Es innegable la identificación de esta música como demoníaca, tanto desde fuera como desde dentro, la imaginería satánica está continuamente presente en símbolos, letras y estética en el heavy metal. La relación que existe es evidente, pero no lo es tanto el origen de esta. Desde los albores del género han existido guiños explícitos al universo de lo maligno, pero si preguntamos el porqué seguramente encontremos discrepancias, ya que no es una cuestión sobre la que se haya reflexionado en demasía. Mi propósito en este artículo es arrojar un poco de luz sobre el asunto aportando una teoría que desde la perspectiva sociológica sea capaz de explicar la génesis de la inseparable relación del heavy metal con la figura del diablo.

Para comprender en su totalidad un concepto una de las mejores estrategias es analizarlo etimológicamente, así entenderemos el significado original del término. La tradición cristiana ha dado al demonio multitud de nombres que han descrito las diferentes formas del mismo, pero el que nos interesa especialmente es el de Satán. Su procedencia se encuentra en el arameo, de ha-shatan, que se traduce como adversario, enemigo. El símbolo del adversario ha sido utilizado en la mitología a la largo de la historia para representar lo opuesto a lo deseable, para encarnar “el mal”. Esta figura ha estado presente en la mayoría de religiones y ha tomado multitud de nombres, sin embargo el fin social de este ente siempre ha sido el mismo: simbolizar el referente negativo sobre el que se sientan los valores de una determinada cultura. Este mecanismo es fundamental para la construcción de identidades, se trata de una dinámica intragrupo/exogrupo en la que a través de un referente ajeno que produce animadversión se fortalece la cohesión interna de un grupo social.

Representación de Satanás por Gustave Doré

Esta estrategia originalmente mitológica tiene sin duda un fin social. El diablo no es por tanto un elemento religioso, es esencialmente un símbolo cuya utilidad es servir a la comunidad católica como enemigo común frente al que constituir su propia identidad. Este funcionamiento lo explica a la perfección el filósofo italiano experto en semiótica Umberto Eco en su novela “El nombre de la rosa”. En ella, Jorge de Burgos, refiriéndose a los blasfemos dice: “Yo diría que su presencia nos es imprescindible, se inscribe dentro del plan divino, porque su pecado estimula nuestra virtud, su blasfemia alienta nuestra alabanza, su penitencia desordenada modera nuestra tendencia al sacrificio, su impiedad da brillo a nuestra piedad, así como el príncipe de las tinieblas fue necesario, con su rebelión y su desesperanza, para que resplandeciera mejor la gloria de Dios, principio y fin de toda esperanza”.

Si avanzamos varios siglos y revisamos otra clásica obra de ficción, encontramos exactamente el mismo planteamiento pero esta vez actualizado a la sociedad moderna y sin matices religiosos. Recordemos esta escena de Scarface donde Tony Montana señala que él es el “tipo malo” necesario para que otros se crean buenos. Es exactamente el mismo esquema, Tony Montana es el diablo, sin gente como él no habría un referente al que evitar. Con estos dos ejemplos se ilustra el concepto de desviación social, que se refiere a las conductas que no concuerdan con las normas sociales dominantes. Estos comportamientos divergentes son etiquetados socialmente en un proceso de estigmatización que señala a los desviados con el fin de excluirlos.

Ahora situémonos en una cultura en la que lo social y lo religioso estén tan estrechamente conectados que lleguen a fundirse, en el medievo europeo por ejemplo. En este tipo de sociedades profundamente religiosas la frontera entre ambas esferas es tan difusa que estas apenas pueden distinguirse. Lo diferente, la desviación social, es por tanto estigmatizada como demoníaca. Con este planteamiento se comprende el papel de la Inquisición, que actuaba como sanción religiosa a comportamientos sociales. En este escenario encontramos un excelente ejemplo, el Diabolus in musica, un concepto desarrollado por Guido de Arezzo, un monje benedictino que interpretó el tritono como una forma de invocación satánica. Ahora bien, ¿qué es el tritono? Se trata de un tipo de acorde disonante que resulta chocante para el oyente, en definitiva, produce un sonido diferente, alejado de la norma. La reproducción de este Diabolus in musica estuvo duramente castigada durante largo tiempo, pero con el paso de los siglos fue permitiéndose su uso hasta convertirse a día de hoy en un recurso ampliamente utilizado.

Este no es el único ejemplo que muestra que la atribución satánica a lo diferente viene de lejos. Según se cuenta, el famoso violinista del siglo XVIII Giuseppe Tartini, compuso su famoso “Trino del diablo” tras tener un sueño en el que el mismísimo demonio interpretaba la más hermosa pieza de violín que jamás había escuchado. El compositor italiano al despertar cogió inmediatamente su violín y trató de ejecutar la composición, pero el resultado quedó muy lejos de la belleza de la pieza original que el diablo tocaba en su sueño.

Tartini y el diablo

Otro caso clarificador es el de Niccolò Paganini, probablemente el violinista más reconocido de la historia. Es conocida la leyenda que atribuye al compositor el haber vendido su alma al diablo. Pero ¿qué se esconde realmente tras esto? Nada más y nada menos que Paganini era un tipo extraordinariamente raro. A su inusual maestría musical (probablemente causa de su hiperlaxitud) hay que añadirle una personalidad excéntrica y extravagante impropia de alguien de su clase, una vida pendenciera y un aspecto tenebroso. Tal era la fama de endemoniado del compositor italiano que hasta se le negó sepultura eclesiástica tras su muerte.

Se podrían poner muchos otros ejemplos de situaciones parecidas a estas, pero seguramente seguiríamos encontrando un factor común: lo diferente, la desviación, el carácter de adversario. No es casualidad que se estigmatizara como satánico a lo que escapaba a los límites cognitivos de la época, lo desconocido está en el terreno de lo ajeno y lo maligno. Así, a lo largo de la historia se ha configurado la figura de Satán como un símbolo de la desviación social, de lo opuesto al status quo. Esta desviación puede manifestarse de distintas formas,  como oposición explícita a lo establecido, como lo diferente o desconocido (caso del tritono o del carácter de Paganini), o simplemente como la innovación artística,  que no deja de ser un sinónimo de lo desconocido, como fue el caso del “Trino del diablo” de Tartini.

Ya en el siglo XX y con la eclosión de multitud de movimientos musicales, surgieron una gran cantidad de géneros como oposición al status quo. El blues, el jazz, el rock, la música latina o incluso el flamenco tienen en su origen un claro factor contracultural, pues nacen de las clases populares, que imposibilitadas para expresarse formalmente canalizaron sus emociones a través del arte. La génesis de todas estas corrientes se encuentra en la desviación social, experimentaron en lo desconocido enfrentándose a las normas sociales dominantes. Muchos de estos movimientos no fueron tachados de satánicos por diversos factores, pero a muchos otros si se les ha atribuido cierto matiz demoníaco.

Probablemente el rock (con sus futuras derivaciones) sea el estilo que más se ha conectado con la figura del diablo, tanto desde fuera como desde dentro. En este género se encuentran muchísimas referencias, desde el álbum “Their satanic majesties request” de 1967 de The Rolling Stones, hasta los reconocidísimos King Crimson (que significa rey carmesí, una posible alegoría del demonio), pasando por el explícito nombre de los también progresivos Lucifer’s friend.

Pero parece claro que el movimiento que más se ha identificado con el satanismo ha sido el metal, otro género que en su origen encarna un fuerte movimiento contracultural crítico con el status quo. Con sus raíces en el rock parece evidente que heredaron cierto estigma satánico que ya se había empezado a desarrollar anteriormente. Probablemente las primeras referencias diabólicas en el heavy metal las encontramos en Black Sabbath, grupo absolutamente revolucionario en forma y fondo, satánicos hasta la médula. Su filosofía, su innovación musical, su estética y sus letras eran el paradigma de Satán. Buena parte de la culpa probablemente fuera de su excéntrico bajista Geezer Butler, un obseso del ocultismo, un tipo raro, como Paganini. Este diabólico cuarteto comenzaba su primer disco (de 1970) con una misteriosa e inquietante composición (curiosamente basada en el tritono) absolutamente oscura y maligna, acompañada por una letra que relata una aparición del demonio.

Black Sabbath

Abierta la veda surgieron millones de grupos que siguieron explotando esta morbosa vertiente de maneras muy distintas. La figura de Satán fue evolucionando en el metal, lo que en un principio fue símbolo de desviación social fue tomando diferentes formas, aprovechando el más que obvio factor cautivador y teatral (ahí está el ejemplo de King Diamond), o como elemento para el marketing más descarado como en el caso de Kiss. También creo que es necesario señalar cierto factor de retroalimentación, esencialmente en Norteamérica, donde se llevó a cabo una persecución contra grupos de heavy metal por ejercer en teoría una influencia maligna sobre los jóvenes, situación que considero no hizo más que avivar las llamas de la provocación. En las últimas décadas se ha seguido desarrollando la imaginería satánica en el metal, desde los grupos que aprovechan el potencial de la parafernalia demoníaca, hasta los que utilizan la figura del diablo como símbolo de disconformidad. Pero desde luego la interpretación que más repercusión ha tenido ha sido la que lleva al extremo el satanismo, asumiéndolo como una creencia seria que en ocasiones incluso ha dado lugar a delitos de carácter anticristiano. Hablo fundamentalmente del black metal y de comunidades como el Inner Circle. En muchos de estos grupos es realmente difícil discernir entre los que utilizan el satanismo como parafernalia y los que realmente se lo toman en serio como una creencia religiosa o filosófica.

Euronymous (Mayhem)

¿Es entonces el heavy metal satánico? Si estamos hablando desde una perspectiva religiosa la respuesta es negativa, pero si abordamos la cuestión desde un punto de vista social la respuesta es sin duda afirmativa, al menos en su origen. Pero no solo el metal, hablando desde un punto de vista sociológico y teniendo en cuenta lo explicado anteriormente, formarían parte de esta corriente demoníaca multitud de géneros musicales, corrientes artísticas e incluso actitudes. En definitiva cualquier elemento que sea divergente de lo socialmente aceptado como normal, todo lo que se considere desviación social. No olvidemos que la figura del diablo no es más que una representación mitológica de los valores opuestos al orden social de determinadas culturas. Resulta paradójico pensar que el cuestionamiento de los dogmas imperantes, y por ende el camino al progreso, se interpreta bajo esta tesis como una actitud diabólica. Galileo fue, al fin y al cabo, tan satánico como Geezer Butler.

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8 Respuestas a “La figura de Satán como símbolo de desviación social en la música

  1. Me ha encantado David, muy bien expuesto todo y totalmente de acuerdo con esa interpretación del satanismo como “adversario”! Ahí tenemos Ihsahn con su disco “The adversary”, más explícito imposible el ángel negro su portada.

    Lo único por ser puntilloso, Black Sabbath, que creo que siempre jugaron con esa ambigüedad entre la pura malignidad de la que hablas y el cristianismo (véase el crucifijo de la foto o léase la letra de After Forever, p. ej.).

    Un saludo y a seguir con el blog,
    Miguel.

    • Muchas gracias por comentar Miguel. Me alegro de que te haya gustado y de que estés de acuerdo con la interpretación. Ciertamente el disco de Ihsahn es un ejemplo claro sobre el que ya había pensado, y hay más casos parecidos, como la canción de In Solitude “Dance of the adversary”.

      El caso de Black Sabbath es curioso, tienes razón en lo que dices, pero en el fondo sigo pensando que son absolutamente satánicos, y más tomando el significado del que se habla en el texto.

      Un saludo Miguel

  2. Buena buena David, me has conquistado cuando has metido a Jorge de Burgos y “El Nombre de la Rosa”.

    Satanismo es escuchar ese playlist leyendo el capitulo de dicho libro en donde Adso se queda mirando la portada de la Iglesia.

    • Un placer que te haya gustado Manuel. La cita de “El nombre de la rosa” es que realmente viene al pelo y explica a la perfección el mecanismo de fortalecer la identidad propia frente al adversario. Umberto Eco es potentísimo y sabía bien lo que hacía cuando escribía eso. Por cierto, me alegro de que disfrutes escuchando el playlist mientras lees el libro, está pensado para conectar emocionalmente al lector con el texto.

      Un saludo

  3. Hola, primero que nada un saludo desde México, quisiera felicitarte por la excelente calidad del contenido del blog, siempre es un gusto leerte, este post realmente me parece muy interesante y me alegra que existan este tipo de trabajos (con solidos argumentos y buenas fuentes de información) que ayudan a derrivar mitos sobre todo iniciados por gente cristiana para desprestigiar esta música 8rock y metal), me tomo el atrevimiento de sugerirte que no dejes aqui este tipo de temas, ya que existen muchos mitos que derrubar sobre el satanismo en el rock, especificamente y quizas los más conocidos serian la canción “Hotel California” de The Eagless, la cual supuestamente contiene mensajes satanicos, y la segunda seria la cancion starway to heaven de Led Zeppelin que es acusada de lo mismo asi como de tener nexos ocultistas (de Page si es claro), ojala pues tratar estos temas en un futuro con el mismo rigor que este post, siga adelante que muchos te leemos y nos deleitamos con el blog.
    Saludos

    • ¡Hola Isaac! me ha encantado leer tu comentario, agradezco el detalle de que leas el blog con asiduidad y de que escribas por aquí. Como dices me encantaría seguir tratando este tema, ya que existe bastante controversia y conviene aclararlo todo desde un punto de vista serio. Seguro que lo haré más tarde o más temprano, con más profundidad y tratando aspectos que en este artículo pasé por alto para no hacerlo demasiado extenso. Sin duda quedan muchas cosas por decir, algunos ejemplos los citas tú (creo que son producto de lo que comento en esta entrada) y otras cuestiones siguen en el tintero todavía.

      Un gran saludo Isaac, ¡seguimos leyéndonos por aquí!

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