Crónica de Los Suaves (07/09/12, Zaidín Rock)

Como viene siendo tradición en los últimos años, en este 2012 no faltaron los impedimentos y trabas por parte del Ayuntamiento de Granada a la puesta en marcha del Zaidín Rock. Hasta el último día hubo problemas, tanto que el festival tuvo que llevarse a cabo sin las licencias pertinentes. Afortunadamente no hubo problemas en este aspecto y los conciertos se desarrollaron con normalidad. Uno de los cabezas de cartel del festival eran los míticos ourensanos Los Suaves, que pisaban Granada año y medio después de su última visita a La Copera. Con bastante expectación como suele ser costumbre, ya que los más de treinta años que llevan a sus espaldas no les hacen mella, sino más bien todo lo contrario, se congregó en el Zaidín gran parte del público rockero granadino, haciendo del recinto un auténtico hervidero de caras conocidas.

Charli y Yosi con Carromato. Foto: Fran Ortiz

Poco después de la hora programada, la una menos cuarto de la noche, comenzaba a sonar la intro que daba el pistoletazo de salida a la descarga de Yosi y los suyos. Enlazaban el sample con uno de sus clásicos inmortales derrochando energía desde el primer segundo con “No puedo dejar el rock”, ¿qué mejor manera de empezar el concierto que con semejante declaración de intenciones? todos los grupos clásicos deberían abrir sus directos con temas antiguos y tan míticos como este, enganchando a los presentes desde el primer acorde y volviéndolos locos. Una vez cautivados los seguidores de siempre de la banda con un clásico de este calibre ya si era el momento de seguir sin tregua con un tema del último disco, pero no por eso de peor calidad, ni mucho menos, de hecho me parece una de las mejores canciones de los gallegos en sus últimos tiempos, la potentísima y emotiva “Cuando los sueños se van” que por desgracia tan al pelo nos viene en estos días negros.

Durante el recital las primeras filas en las que me encontraba eran un punto de encuentro de fanáticos de la banda desgañitándose cantando palabra por palabra las profundas letras del carismático Yosi, esas canciones que hablan de historias tan desoladoras pero que con tanta alegría y emoción sentimos sus seguidores, y es que hasta las palabras más bonitas en la boca de Yosi suenan a perdición. Qué paradójico es que una letra tan amarga como la de “Maldita sea mi suerte” sea coreada de pe a pa por el público con una sonrisa de oreja a oreja, mientras amigos y desconocidos se abrazan, sintiendo lo que solo un fan de Los Suaves sabe sentir cuando escucha sus canciones, esa mezcla de desolación y alegría por saberse comprendido. Pero no solo disfrutábamos abajo, sobre las tablas especialmente los hermanos Domínguez mantienen esa sonrisa perenne que demuestra que sus treinta años de directos más que un trabajo son un rito de unión con sus fans.

Yosi. Foto: Fran Ortiz

Impecable set-list para mi gusto pero que tras hablarlo con otros asistentes pareció no contentar a todos por igual. Bien es cierto que faltaron himnos como “Si pudiera” o “Preparados para el rockn’roll”, pero que incluyeran temas como “Pardao”, “Dile siempre que no estoy”, “San Francisco Express”, y especialmente mi canción favorita “Viajando al fin de la noche” personalmente me dejó muy satisfecho. Por supuesto también cayeron temas muy esperados como “Dulce castigo”, “El afilaldor” o posiblemente su canción más conocida “Dolores se llamaba Lola”, cantada a viva voz por los asistentes. Excepcional también la labor de la banda como ya es costumbre, el magnífico dúo de guitarra entre dos grandes de la talla de Alberto Cereijo y Fernando Calvo (que tocó sentado debido al percance que tuvo recientemente en un concierto), junto a la depurada técnica de Tino Mojón a las baquetas y los ya citados hermanos Domínguez forman una máquina de directo perfectamente engrasada. No faltaron tampoco las excentricidades presumiblemente etílicas de Yosi que ya conocemos los que los hemos catado en directo, con escaladas por los postes y lanzamiento de cámara de fotos incluídos.

Acercándonos al fin de la noche, valga la redundancia, los gallegos se despidieron con la idónea “Ya nos vamos”, en la que Yosi sacó una bandera andaluza y otra gallega, cruzándolas en símbolo de hermanamiento, esas cosas típicas pero que siempre animan al público, que al menos donde yo me encontraba ya estaba sobradamente animado desde el principio del concierto. Así abandonaba el escenario una de las perlas del rock patrio ochentero que sobrevive muy dignamente, mientras sonaba “Dios es Suave”. Algunos comentaron que no vieron especialmente bien al grupo esa noche y también escuché algunas quejas sobre el repertorio, pero personalmente no comparto ninguna de las dos opiniones, los disfruté tanto como el año anterior en La Copera. Tanto por el magnífico concierto que dieron como por la excelente compañía de los amigos que me rodeaban la noche del 7 de Septiembre fue una de esas noches mágicas en las que el gato demostró que sigue vivo, ¡y tan vivo!.

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