Pretenden matar el rock and roll

A casi una semana de la cita anual con el Zaidín Rock en su trigésimo-segunda edición, me veo en la obligación moral de realizar un pequeño y merecido homenaje a este emblemático festival. Para introducirnos en materia, el Zaidín es uno de los barrios más populares de la ciudad de Granada, tradicionalmente obrero y humilde, y que en sus fiestas, desde el año 1983 celebra ininterrupidamente este festival organizado por la Asociación de Vecinos Zaidín-Vergeles. Por su escenario han pasado grupos de la talla de 091, Ilegales, Barricada, Vargas Blues Band o Barón Rojo, por poner algunos ejemplos, y uno de sus grandes atractivos es que es abierto a todos los públicos y gratuito. Por esto el Zaidín Rock tiene un significado que va más allá de lo puramente musical, pues es un evento ya con una larga trayectoria que sirve como punto reunión del público melómano de la ciudad y reencuentro de los estudiantes de la capital granadina, ya que se suele celebrar a mediados de Septiembre. Es más que un concierto, es un símbolo de la cultura granadina.

Pero los últimos años no están siendo fáciles para la supervivencia este festival, problemas con los cambios de recinto por obras, denuncias de ruido (finalmente desestimadas), y multitud de problemas con el Ayuntamiento (que por ejemplo no ha pagado 18.000 € de la edición de 2011), han llevado a que en ocasiones haya llegado a peligrar su continuidad. Este mismo año ha habido bastante riesgo de cancelación debido a que el Ayuntamiento alega que la solicitud del festival llegó fuera de plazo y por tanto no se ha podido solicitar apoyo económico. Sin embargo, finalmente el festival ha salido adelante, contando con un menor presupuesto recabado a través de patrocinadores y colaboradores, y con la reducción del 50% del apoyo municipal. No obstante, las quejas por parte de los defensores del festival contra la actuación del Ayuntamiento han seguido y han dado lugar a salidas de tiesto como esta del diputado provincial Pepe Torrente, en la que parece quedar bien claro su poco interés en argumentar las acciones del Ayuntamiento. Después de todo y con las constantes zancadillas que se le han puesto al Zaidín Rock y que han amenazado su estabilidad, se ha conseguido un cartel muy digno para la edición de este año con la participación de bandas como Los Suaves, Niños Velcro, La Pegatina, Tabletom o El puchero del Hortelano.

32º Edición del Zaidín Rock

Hace algunas semanas hablaba en la entrada sobre el cierre de Radio Contadero sobre la sociedad civil y su importancia como síntoma de una democracia sana y como muestra de la implicación ciudadana en la vida pública por medio de acciones de abajo a arriba. Una manera de articular la sociedad civil es a través de organizaciones o asociaciones como la Asociación de Vecinos Zaidín-Vergeles, que en muchas ocasiones destinan sus esfuerzos a la consecución de un evento de ámbito cultural, ámbito que muchas veces no es valorado y defendido como debería en España. El desarrollo de oferta cultural por parte de organizaciones del tercer sector cuenta con notables ventajas sobre los proyectos del mismo tipo elaborados por los sectores privado y público, ya que estas organizaciones no están guiadas por la búsqueda de beneficios económicos como los promotores privados, ni buscan la rentabilidad política que usualmente vemos en los proyectos del sector público, además estas acciones fomentan la no dependencia pública, que a veces supone una merma para la iniciativa ciudadana y que algunos iluminados han dado en llamar “cultura de la subvención”. Tengo pues la convicción de que apostar por el tercer sector en los proyectos culturales es apostar por productos vocacionales de calidad.

Soy un férreo defensor del apoyo y la difusión cultural, y los movimientos sociales e iniciativas ciudadanas que a través de sus ideas y proyectos mantienen vivo y en constante ebullición este ámbito me parecen dignas de elogio, de hecho he sido miembro de dos importantes asociaciones (actualmente de una) de difusión y apoyo al heavy metal, que además funcionan de manera absolutamente autogestionada, con total independencia y con la única vocación de promover la cultura. La Asociación de Vecinos Zaidín-Vergeles y su trabajo son un buen ejemplo de estas iniciativas, ya que aunque este festival en concreto perciba una parte de financiación pública, su puesta en marcha depende en gran parte del trabajo desinteresado de sus socios. Frente a esto nos encontramos con una preocupante tendencia a atacar la vida cultural granadina, que afecta a tanto a este tipo de organizaciones como a los negocios privados, situación que ha dado lugar plataformas como Granada en Off. Pero esta tendencia ni mucho menos es exclusiva de Granada, me temo que es patrimonio de todo el país.

Público del Zaidín Rock (Foto de Fran Ortiz)

Si bien no soy muy amigo de las comparaciones y no me gusta mezclar churras con merinas, no puedo evitar pensar por qué otro tipo de eventos como los de carácter religioso (amén de muchos otros) siguen recibiendo ayudas y subvenciones públicas de todo tipo y cuantías, mientras las iniciativas culturales son las furibundamente atacadas y las primeras en ser recortadas en tiempos de crisis. Un perfecto ejemplo lo tuvimos hace solo unos días en Reus en el festival Rock n Reus que fue cancelado a última hora por parte del Ayuntamiento sin dar explicaciones, o la cancelación este año del festival Algarroba Rock en la localidad malagueña de Algarrobo.

Son tiempos difíciles para luchar por la cultura, los poderes públicos seguirán intentando recortar gastos, y lo primero será como siempre aquello que no produzca beneficios inmediatos y tangibles (y por tanto rentabilidad política), las víctimas serán cultura, investigación y desarollo… es decir, justo las partidas que hacen prosperar a una sociedad, que nos hacen fuertes de cara al futuro, y en las que hay que invertir si algún día queremos llegar a ser un país sostenible. Después nos preguntaremos por qué España sigue estando en mala posición en muchos de los indicadores de desarrollo y por qué no somos capaces de salir a flote en este tipo de crisis. Quizás tenga algo que ver con la lamentable cultura del “pelotazo” de la que tanto hemos abusado y con el constante desprestigio que hacemos del ámbito cultural. Mi postura es clara, estaré en el Zaidín Rock apoyando el festival y a la asociación que no se ha rendido para mantener viva la llama de la cultura haciendo frente a todos los vientos que quieren apagarla. Estaré allí para que aunque se empeñen, no maten el rock and roll.

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